Discursos y Declaraciones
Palabras del Embajador Garza durante Ceremonia del Día
de los Veteranos
11 de noviembre de 2008
Gracias por invitarme a hablar esta mañana. Ha sido
un privilegio para mí conmemorar el Día de
los Veteranos aquí en el Cementerio Americano en
los últimos años. En verdad, ha sido uno de
los más altos honores que se me han concedido durante
mi gestión como Embajador de los Estados Unidos en
México.
Quiero en especial agradecer a Héctor de Jesús
y a la Comisión de Monumentos de Batalla Estadounidenses
por conservar este tributo a la valentía de nuestros
conciudadanos y a las almas de los que perecieron en el
campo de batalla.
En 1918, a la onceava hora del onceavo día del onceavo
mes, el mundo se regocijó y celebró. Tras
cuatro años de una amarga guerra, se firmó
un armisticio que ponía fin a “la guerra que
terminaría con todos las guerras”, la Primera
Guerra Mundial.
Al año siguiente, el 11 de noviembre de 1918 se
conmemoró el Día del Armisticio en los Estados
Unidos para recordar los sacrificios que los hombres y mujeres
hicieron durante la “Gran Guerra” para asegurar
una paz duradera. Ese día, los soldados sobrevivientes
desfilaron en sus respectivas ciudades junto a políticos
y oficiales veteranos, pronunciando discursos y llevando
a cabo ceremonias de agradecimiento por la paz que habían
logrado.
En 1938, veinte años después de que terminara
la guerra, el Congreso de los Estados Unidos estableció
el Día del Armisticio como un día de fiesta
nacional. Continuamos conmemorando este acontecimiento hasta
1957 cuando el entonces Presidente Eisenhower proclamó
el 11 de noviembre como el Día de los Veteranos,
e hizo un llamado a los estadounidenses en todos lados a
dirigir sus esfuerzos a la causa de la paz.
En la actualidad, muchos estadounidenses creen erróneamente
que el Día de los Veteranos es el día en que
los Estados Unidos honran a los militares estadounidenses
que murieron en batallas o como consecuencia de las heridas
recibidas en combate. Sin embargo, eso no es precisamente
correcto, porque cuando celebramos a los estadounidenses
que murieron en guerra es en el Día de los Caídos.
Hoy, por otro lado, honramos a todos los veteranos estadounidenses,
tanto los vivos como los muertos. De hecho, el Día
de los Veteranos en gran parte busca agradecer a los veteranos
vivos por su servicio dedicado y leal a su país.
El 11 de noviembre de cada año honramos a nuestros
veteranos al asegurarnos de que ellos sepan cuán
profundamente apreciamos los sacrificios que han hecho,
y cómo, gracias a sus esfuerzos extraordinarios,
este país sigue siendo libre.
En este día no sólo reconocemos y honramos
a nuestros veteranos estadounidenses que con tanta gallardía
lucharon en la Primera y Segunda Guerra Mundial, Corea,
Vietnam, el Golfo Pérsico, Irak y Afganistán,
sino también a nuestros hermanos de las Fuerzas Armadas
Mexicanas que lucharon y continúan luchando por la
causa común de la libertad.
Un ejemplo de colaboración entre las Fuerzas Armadas
mexicanas y estadounidenses contra un enemigo común
fue el Escuadrón 201 durante la Segunda Guerra Mundial.
El Escuadrón 201 era un escuadrón de aviones
caza mexicanos, parte de la Fuerza Aérea Expedicionaria
de México, que apoyó los esfuerzos de los
Aliados contra los japoneses en la Segunda Guerra Mundial.
Al escuadrón se le conocía como los Águilas
Aztecas. Estaban adscritos al Grupo 58 de Cazas de la Fuerzas
Aéreas del Ejército de los Estados Unidos
durante la liberación de la isla filipina de Luzón
en el verano de 1945. Quiero agradecer a los miembros del
Escuadrón 201 por estar con nosotros hoy y compartir
esta celebración.
Hoy las fuerzas mexicanas y estadounidenses continúan
luchando contra un enemigo común, si bien ya no es
el mismo que enfrentamos en el siglo XX. En el siglo XXI,
nos damos cuenta que el mundo se ha hecho más pequeño
y que todos los países enfrentan la amenaza del terrorismo
y al flagelo del crimen organizado transnacional.
Ahora, tanto México como los Estados Unidos deben
luchar no sólo contra el terrorismo, sino contra
la amenaza del narcotráfico. Juntos compartimos la
magna tarea de asegurar que esta amenaza no disminuya la
seguridad y libertad por las cuales nuestros veteranos de
conflictos pasados y recientes lucharon con gallardía
y las que continuamos disfrutando hasta este día.
El Presidente Calderón ha mostrado ser un firme
defensor del pueblo mexicano. Su valentía enfrentando
las amenazas a la seguridad de su pueblo da testimonio de
su esperanza en un México más seguro. Y trabajando
hombro con hombro, los Estados Unidos y México triunfarán
sobre este enemigo común.
Termino, como siempre, pidiendo a Dios que bendiga a México
y a los Estados Unidos y a los valientes hombres y mujeres
a quienes honramos hoy.
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