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La Prensa de México en la Mira en el Día Mundial de la Libertad de Prensa

Artículo del Emb. Antonio O. Garza, Jr.
Publicado por Grupo Reforma el 3 de mayo de 2008

Como dijera uno de nuestros próceres, Thomás Jefferson: “nuestra libertad depende de la libertad de la prensa, y ésa no se puede limitar sin perderla”. Algunos diarios y estaciones de radio y televisión en México admiten que han empezado a autocensurarse ante la violencia y la intimidación de los narcotraficantes que buscan socavar hasta el último pilar de la sociedad mexicana. Otros siguen reportando las noticias valientemente, trabajando en oficinas bajo protección policíaca las 24 horas, escondiendo la identidad de sus reporteros ante el temor a las represalias, dispuestos a pagar el máximo precio por defender no su propia libertad, sino el derecho de sus compatriotas a estar informados, a saber la verdad.

Me inspiran el valor y la persistencia de la prensa mexicana. En lo que algunos observadores independientes han llamado el país más peligroso de las Américas para los periodistas, los reporteros aquí continúan desempeñando su oficio, informando al público en defensa de la democracia. En el Día Internacional de la Libertad de Prensa, debemos reconocer que el número de víctimas en México amenaza el derecho político fundamental de una sociedad libre de estar informada.

Hasta el día de hoy, en 2008, cinco periodistas han sido asesinados, por lo menos uno ha desaparecido, muchos otros han padecido atentados contra sus vidas, y muchos más han sido sujetos de acoso y amenazas. El saldo mortal del año pasado fue de dos reporteros y tres distribuidores de periódicos asesinados. La violencia tiene múltiples facetas: desde la originada por los narcotraficantes hasta la intimidación política, del norte al sur del país.

El Presidente Calderón ha reconocido de manera repetida la importancia de proteger a la prensa, declarando en el mes de febrero que “…las autoridades tenemos el deber de castigar con todo el peso de la ley a quienes acallan la labor de los medios de comunicación mediante la intimidación y la violencia. Todo atentado contra los profesionales de la comunicación es un atentado contra la libre expresión de las ideas y es un atentado contra México”. Y, además del nivel federal, a nivel estatal y local se puede y debe hacer más para proteger a los periodistas, editores, diarios y difusores de medios.

La familia de Brad Will y el pueblo estadounidense siguen esperando los resultados de la investigación sobre su muerte. El Comité para la Protección de los Periodistas y la Sociedad Interamericana de Prensa han exigido una investigación a fondo. Brad estaba en Oaxaca en 2006 para comunicar al mundo la importante historia de los disturbios políticos que ocurrían ahí, y fue asesinado a tiros mientras cubría una protesta. Las autoridades mexicanas ahora han decidido permitir que expertos independientes examinen la evidencia del caso, y sinceramente espero que la investigación avance hasta identificar y procesar a los responsables de la muerte de Will.

Otro crimen en Oaxaca ha impactado al mundo recientemente. El 7 de abril, dos mujeres jóvenes que trabajaban para una estación comunitaria indígena fueron muertas a tiros cuando su auto cayó en una aparente emboscada en la que otras tres personas, incluyendo un niño de tres años, resultaron heridas. En respuesta a lo que se percibe como intimidación política, otro reportero de la estación ha declarado valientemente: “nadie nos silenciará – ni nos callarán, ni nos meterán miedo”. Las autoridades todavía no han identificado a los sospechosos de este ataque.

Ante esta valentía, este desafío a quienes empuñan la espada, ¿quién no se vería motivado a apoyar a quienes defienden nuestro derecho a saber portando nada más que una pluma o una cámara? No sólo en el Día Internacional de la Libertad de Prensa, sino durante todo el año, debemos insistir en el derecho de los periodistas de ser nuestros ojos y oídos, de perseguir una nota, y seguir una nota a donde sea que lleven los hechos, ya sea a la guarida de un narcotraficante o a los salones del poder. Debemos exigir a la policía que ponga un escudo entre la prensa y la violencia, a los funcionarios de gobierno que abran sus puertas y archivos, y a los juzgados que castiguen a aquellos que cometan crímenes contra periodistas.

Al tiempo que México avanza en su meta de acabar con la impunidad de los narcocriminales, pidamos también un fin a la impunidad de la violencia contra los periodistas, investigaciones a fondo en los casos de Brad Will y de los demás que han perdido sus vidas protegiendo nuestras libertades, así como mejores tiempos para los periodistas en México.

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