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Palabras del Embajador de los Estados Unidos, Antonio O. Garza, Jr.,
en Ocasión de la Celebración del Día de los Veteranos

Ciudad de México

11 de noviembre de 2005

Traducción al español del discurso

1918: a las once horas del onceavo día del onceavo mes. Las armas callaron y finalizó la Gran Guerra de Europa.

Los franceses conmemoran El Armisticio, que es lo que en este momento realiza la Embajada de Francia en el Panteón Francés. El Reino Unido tiene el Día del Recuerdo, el cual auspiciará la Embajada Británica el próximo domingo en la Iglesia de Cristo. Nuestros más antiguos y queridos aliados usan este día para recordar y honrar a sus muertos en las Guerras Mundiales, pues es correcto y apropiado hacerlo.

Sin embargo, desde 1954, nosotros, los estadounidenses, establecimos una diferencia. No sólo recordamos a aquellos que pagaron con su vida sirviendo a los Estados Unidos. No sólo recordamos conflictos bélicos específicos. En lugar de eso, recordamos a todos los que han vestido de uniforme para servir a nuestra nación, tanto en tiempos de guerra como de paz; tanto en conflictos grandes como pequeños. Los estadounidenses recordamos a todos nuestros Veteranos.

El hecho de que hayamos elegido honrar a todos nuestros veteranos juntos, es posiblemente un acto único de la idiosincrasia estadounidense. Habla de la esperanza de los Estados Unidos. Habla de la esperanza en nuestra nación. Habla de la esperanza en nuestro futuro. Honramos a hombres y mujeres que miraban hacia el futuro. Honramos a hombres y mujeres que regresaron a casa, dejaron sus uniformes de lado y construyeron una nueva vida; hombres y mujeres que, a su regreso, erigieron a los Estados Unidos y mantuvieron sus ideales de vida: la libertad y la felicidad. Honramos a hombres y mujeres que dejaron atrás a sus seres queridos, sus vidas y las comodidades del hogar para ponerse el uniforme de los Estados Unidos y asegurarse de que estos ideales no desaparecieran del mundo.

Los estadounidenses han respondido al llamado del deber una y otra vez. En los últimos 230 años, los estadounidenses han servido por la causa de la libertad en cada continente y cada litoral; en una cadena inquebrantable de servicio, desde Lexington hasta Concord. Y nuestra causa siempre ha sido la defensa de la libertad y la paz. La paz ha sido y es endeble, pero gracias al servicio de los veteranos estadounidenses, persiste esta paz y el mundo es un homenaje viviente para aquellos que han prestado servicio.

Este día, que honramos a todos los que han defendido al pueblo estadounidense, a todos los que vieron por los heridos, a todos los que llevaron consuelo a los agonizantes y a todos los que sirvieron en tierra, mar y aire, le damos las gracias a nuestros veteranos por su servicio y su bendición a la libertad que sus sacrificios – grandes o pequeños – nos dieron. Este día, en el que recordamos a todos los que han servido portando el uniforme de los Estados Unidos, mantenemos la esperanza en la paz por la que lucharon y recordamos las palabras de Franklin Roosevelt, que son el testamento de todos los veteranos estadounidenses: “La libertad no es libre”.

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