![]() |
Embajada de los Estados Unidos
INFORMACIÓN DE FONDO |
|
Palabras del Embajador de los Estados Unidos, San Pedro Garza García, Nuevo León 13 de mayo de 2005 Buenos Días. Quiero comenzar expresando mi reconocimiento a Carlos Bremer y a los organizadores de “Hemispheria 2005” por haber reunido a un grupo tan impresionante de personalidades este año. Me siento muy honrado por formar parte de él. La ciudad de San Pedro Garza García, como es usual, ha realizado un impresionante trabajo como anfitrión de esta reunión cumbre; de igual manera lo han hecho el estado de Nuevo León y su gobernador, Natividad González Parás. Es, por supuesto, un placer compartir el poder dirigirme a ustedes con nuestros socios de la América del Norte: el Embajador de Canadá Lavertu y Gerónimo Gutiérrez de la Secretaría de Relaciones Exteriores. Me siento de igual forma muy complacido y honrado por la presencia del nuevo Secretario de Comercio de los Estados Unidos, Carlos Gutiérrez. Es motivo de gran gusto que usted venga a Monterrey en su primera visita oficial como Secretario de Comercio a México, aunque en realidad bienvenido de vuelta a este país, pues sé que es una nación a quien tiene en gran estima y que conoce bien. Para la región de la América del Norte, el comercio ha sido verdaderamente la clave, y esta visión fortalece el fuerte compromiso del Presidente Bush de buscar la ratificación del Tratado de Libre Comercio con América Central y la República Dominicana, conocido como CAFTA, el cual es probablemente el más importante acuerdo de libre comercio desde el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA). El Presidente Bush y el Secretario Gutiérrez se reunieron ayer con seis dirigentes de las naciones del CAFTA, y todos estamos trabajando arduamente para asegurar el éxito de este tratado. Me siento muy a gusto aquí, “casi” en Texas y en casa; aunque es muy cierto que también me siento en casa en esta comunidad vibrante y única de Monterrey. Veamos tan sólo qué hay a nuestro alrededor: “Big Brother” está en la televisión y los establecimientos de HEB, de McDonalds y de Wal-Mart forman ahora parte del paisaje mexicano, pero esto es únicamente parte del panorama general. De igual forma es el nivel impresionante de la integración mexicana con los Estados Unidos, así como la influencia e impacto de más de 25 millones de ascendencia mexicana que viven en los Estados Unidos. Les puedo decir: pasen tan sólo el fin de la Semana Santa en la Isla del Padre del Sur o cualquier tarde en un centro comercial en McAllen para ver que el sur de Texas y Monterrey se han convertido virtualmente en suburbios mutuos. Hay muy poca duda de que los Estados Unidos y México son aliados fuertes y democráticos en nuestro mundo globalizado, y de que seguiremos trabajando juntos para modernizar y promover el progreso de nuestras economías y sociedades. Junto con Canadá, nuestros tres países son parte integral de la visión del Presidente Bush en cuanto a una región de la América del Norte libre de terrorismo y, al mismo tiempo, que sea competitiva en relación con las economías más fuertes del mundo. En el curso de los últimos diez años, la estrecha relación económica entre nuestros países se ha hecho aún más cercana y ha aumentado la prosperidad de la región. Canadá ha mantenido su lugar como el socio comercial más importante de los Estados Unidos, mientras que México ha sido nuestro segundo socio comercial durante nueve de esos diez años. Esto significa mayores ingresos para las empresas de la región, y también, de manera más relevante, mayores empleos para los trabajadores de la América del Norte.. Durante los primeros dos meses de este año, nuestro comercio bilateral superó los 43 mil millones de dólares... Todos los días cruzan la frontera entre México y los Estados Unidos productos por valor de 750 millones de dólares. Durante esos mismos dos meses, el comercio entre los Estados Unidos y Canadá llegó a la asombrosa cifra de 75 mil millones de dólares. Estoy seguro que todos escuchamos quejas en el sentido de que el libre comercio sólo beneficia al otro socio, sin importar quién sea. Pero es fácil ver en la América del Norte que todos los países se han beneficiado en forma impresionante por el TLCAN. Esto es particularmente cierto en la región fronteriza entre México y los Estados Unidos. Los seis estados fronterizos mexicanos representan poco más del 24 por ciento del Producto Interno Bruto del país o alrededor de 157 mil millones de dólares anuales, y registran algunas de las más altas tasas de crecimiento económico en México. Por otra parte, los estados fronterizos de los Estados Unidos representan alrededor del 23 por ciento del Producto Interno Bruto del país, lo que equivale a poco más de 2.5 billones de dólares. Esta pequeña franja de tierra es una de las áreas más productivas del mundo. Pero nada de esto puede darse por sentado, y debe ser muy claro para todos nosotros debemos que la América del Norte enfrenta importantes retos económicos. Un informe reciente del Instituto Mexicano de Competitividad confirmó la posición declinante de la región durante los últimos años con respecto a Europa y china. El Fondo Monetario Internacional anunció recientemente que México ha bajado de la novena hasta la décima catorce economía más grande del mundo. Y ayer, el periódico Reforma citaba un estudio de 60 naciones indicando que México ocupa el lugar 56 en competitividad. La clase de reformas que México requiere para hacer frente a estos retos no son fáciles. Seamos francos los unos con los otros, depender de las remesas de quienes trabajan en los Estados Unidos, así como de ingresos extraordinarios por los altos precios del petróleo no es, simplemente, una política económica. El mensaje básico de estos informes es claro: o hay reformas o se queda atrás. En los Estados Unidos aprendimos de manera difícil esta lección: cualquier reforma importantes requiere de la cooperación sobre las barreras partidistas y sin importar las diferencias entre las ramas del gobierno. Es obvio que se requiere de arduo trabajo, pero imagínense lo que sería la economía de México si hubiera una mejor cooperación a lo largo del espectro político con el fin de asegurar el futuro del país. La vigencia del estado de derecho es fundamental para la clase de reformas que mejorarán el ambiente para las empresas y las inversiones en México. Una firme confianza pública en el sistema de justicia significa que un número menor de acuerdos de negocios estarían corrompidos y que la inversión podría fluir con certeza. Nuevo León es un ejemplo excelente. Quienes ostentan el liderazgo aquí han entendido con claridad que la inversión, ya sea extranjera o nacional, va a ir a donde haya un sistema legal confiable y transparente. El Presidente Fox propuso al Congreso un amplio paquete de reformas al sistema de justicia en 2004, pero poco se ha avanzado a nivel federal al respecto. A nivel estatal esa propuesto despertó interés, y aquí el Gobernador González Parás desempeñó un papel relevante en asegurar que las reformas al sistema de justicia en su estado se convirtieran en realidad y que Nuevo León fuera el primero en lanzar tales reformas a nivel estatal. En julio de 2004, la legislatura estatal aprobó las reformas judiciales en el estado, permitiendo los juicios orales para todos los delitos menores, y el nuevo sistema de juicios acusatorios orales entro en vigor oficialmente en enero pasado. Nuevo León registró recientemente su primer juicio oral en el que se encontró a culpable de homicidio imprudencial con un vehículo a un acusado. Todo el proceso duró cinco días, mientras que en el “viejo” sistema se hubiera prolongado por nueve meses. Para mí es claro que con la reforma al sistema de justicia, todo estado y todo ciudadano de México se beneficiaría cada día. La otra reforma muy importante que es tan crucial para la prosperidad de México se refiere a la energía. Sé que se trata de un tema muy sensible en México, en especial cuando es el Embajador de los Estados Unidos quien se refiere a ello. Sin embargo, no me escuchen a mí; escuchen a cualquier gobernador estatal en cualquiera de los dos lados de la frontera. Escuchan a los empresarios mexicanos y a los inversionistas extranjeros. Escuchen a los ciudadanos mexicanos comunes que tienen interés en el futuro económico de su país. México debe encontrar maneras para explotar más plenamente sus propios recursos energéticos porque la competitividad del país y la prosperidad de su propio pueblo dependen de ello. Permítanme decir unas palabras sobre el tema de la inmigración. El Presidente Bush dijo claramente en su Discurso sobre el Estado de la Unión que el sistema migratorio de los Estados Unidos es obsoleto, no responde a las necesidades de nuestra economía ni a los valores de nuestra nación. Lo que el Presidente quiere es un sistema de inmigración racional, que permita que trabajadores temporales desempeñen las labores que los estadounidenses no desean ocupar, pero al mismo tiempo rechaza un programa de amnistía. El sistema también nos deberá permitir monitorear quién está ingresando a los Estados Unidos y saliendo del país, con el fin de asegurar que nuestros recursos se concentren en detener a quienes podrían tratar de causar daño a cualquiera de los dos países. Reconozco la importancia de este asunto para México. Sin embargo, no debe haber duda alguna de que es más factible que la reforma en materia migratoria tenga lugar cuando el pueblo estadounidense y sus líderes tengan la confianza en que la frontera es segura, y que México está haciendo todo lo posible para crear oportunidades económicas aquí en su territorio.
Esta ciudad texana es el cruce comercial más activo en toda nuestra frontera. En 2003, más de 1.3 millones de camiones, 35,000 autobuses de pasajeros, más de 300,000 contenedores ferroviarios y más de 15 millones de vehículos cruzaron por ese punto a territorio estadounidense. Un ataque terrorista en este punto afectaría de manera catastrófica la economía de la América del Norte, con perdidas en comercio de miles de millones de dólares al día. Con el fin de evitar ese escenario, debemos percatarnos de que la cooperación es la única forma de proteger a nuestros países. Hemos tenido éxitos recientes al respecto, que incluyen la puesta en vigor de programas contra el terrorismo y el contrabando. Estos programas hacen más expeditos los cruces fronterizos, al mismo tiempo que se garantiza que el flujo comercial está libre de contrabando o de armas. Tanto México como Canadá han cooperado en asegurar nuestras fronteras comunes, y en abordar los problemas del narcotráfico, el terrorismo y la inmigración ilegal. Todos nosotros sabemos que los terroristas van a seguir tratando de hacernos daño, por lo que no podemos bajar la guardia ni descansar en nuestros esfuerzos para detenerlos. Desafortunadamente y a pesar de los éxitos que hemos logrado, nuestro intercambio económico y cultural con México sigue estando amenazado por la violencia relacionada con los narcóticos, la cual continúa y es mortal a lo largo de la frontera. Los cárteles de la droga y la violencia que han traído a la región están destruyendo el entramado económico y social de nuestras comunidades. Si no se controla esa violencia, ya sea en los motines de presos en Matamoros o en las balaceras entre bandas de criminales aquí en Monterrey, va a afectar grandemente la inversión y el turismo, en especial en la zona fronteriza. Hace dos semanas, solicité al Departamento de Estado que ampliara la vigencia del anuncio público con respecto a la violencia en la región fronteriza. Lo hice no porque tenga interés alguno en criticar a México, sino porque la seguridad y la protección de los ciudadanos estadounidenses es mi responsabilidad primaria, y no voy a dudar en hablar con firmeza y sin equívocos cuando esa seguridad esté en riesgo. También reconozco que la seguridad de esta región es una responsabilidad compartida... Por nuestra parte, estamos comprometidos a hacer lo que nos corresponde, y reconocemos y estamos agradecidos por la firme cooperación y compromiso del gobierno del Presidente Fox en este empeño. En último término, simplemente no podemos permitir que los narcotraficantes pongan en peligro todo lo que hemos logrado. Otro asunto que se percibe y es parte de la vida cotidiana a lo largo de la frontera entre nuestros dos países —aunque ciertamente es menos violento, pero no menos real— es el del agua y el del reto de administrar nuestro medio ambiente común. El tema de la deuda de agua de México, que venía desde hace bastante tiempo, finalmente está fuera de la discusión, en no pequeña parte, gracias a los esfuerzos de servidores públicos comprometidos como Gerónimo Gutiérrez. Pero, aún falta mucho por hacer. Como lo sabe cualquier persona que viva o trabaje en el norte de México o en el sur de los Estados Unidos, necesitamos ser más agresivos en cuanto a garantizar que el manejo y la conservación de nuestro recursos atmosféricos, territoriales y acuíferos sigan teniendo un lugar predominante en nuestra agenda. Cómo compartir y conservar el agua y cómo administrar nuestro medio ambiente regional son asuntos muy reales que deben abordar los habitantes de la región todos los días. Sin embargo, no hay otro asunto más relevante para la relación entre los Estados Unidos y México que la educación, la instrucción escolar. El futuro colectivo de la América del Norte recae en desarrollar el poder cerebral creativo del inventor, del empresario y del trabajador capacitado, quienes entonces van a traer innovación y competencia técnica a los mercados modernos. La educción es la llave para toda la América del Norte —la llave de nuestra competitividad, de nuestro éxito en los mercados y de ampliar nuestro entendimiento y respeto común, que son la base y esencia de la asociación en la región de la América del Norte. Seguridad, prosperidad, competitividad son, sin lugar a dudas, conceptos importantes. Pero sin acciones, son sólo palabras. Cuando el Secretario Gutiérrez y yo informemos al nuestro Presidente el próximo mes acerca del progreso en la Sociedad para la Seguridad y Prosperidad de nuestras tres naciones, que se anunció en marzo pasado, les puedo asegurar que él no va a estar interesado en todo lo que hemos planeado o a lo que nos hemos comprometido; él va a querer saber lo que hemos logrado. Es necesario ser honestos en cuanto a lo que puede acontecer si no tenemos resultados concretos. Si las personas pierden la esperanza económica, también pueden perder la fe en sus instituciones públicas, dando la espalda tanto a los mercados como a la democracia y dirigiéndose hacia la clase de demagogia que con demasiada frecuencia ha plagado a otros países y puesto límites a sus horizontes y libertades. Esta ha sido la desafortunada experiencia reciente en Venezuela, donde la democracia enfrenta una prueba severa; y ha sido la tragedia de Cuba durante los últimos 45 años. A medida que consolidamos nuestra moderna asociación con México y Canadá, estamos buscando nuevas iniciativas para promover la seguridad y prosperidad de toda la América del Norte. Todos compartimos la causa común de que América del Norte progrese. Nuestra responsabilidad es actuar, y sé que cada uno de ustedes toma en serio este compromiso. Les agradezco la oportunidad de estar con ustedes esta mañana. Finalizo mis palabras, como siempre lo hago, con la sencilla invocación de que Dios bendiga a nuestros tres grandes países: México, Canadá y los Estados Unidos. * * * * * |
| Menú de Prensa | Tel 5080-2000, ext.2253, Fax 5080-2892 http://www.usembassy-mexico.gov |