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Embajada de los Estados Unidos
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Competitividad, Clave del Futuro Económico de la América del Norte
18 de octubre de 2004 Recientemente han surgido indicadores preocupantes sobre que México está pediendo atractivo para las inversiones y en cuanto a su competitividad en general. Esto no sólo concierne a México sino a toda la comunidad de la región de la América del Norte, cuyas economías están cada día más relacionadas. EL Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) es un asunto medular de las Relaciones de Estados Unidos con México y Canadá, que ha tenido éxito de manera notable en unir a las tres naciones. Con la promoción del comercio y la inversión, ha vigorizado y transformado nuestras economías, al tiempo que ha mejorado la calidad de vida, el crecimiento y la estabilidad. El TLCAN también ha incentivado las reformas necesarias, la diversificación económica, la transparencia y el buen gobierno. Asimismo, se ha convertido en modelo para otros acuerdos similares. Conforme avanza el siglo XXI, nuestras economías entrelazadas verán una intensa competencia por parte de otras regiones, especialmente de Asia. Pero, mientras miramos hacia el futuro de la integración de la América del Norte, nuestra visión se debe centrar en asegurar que nos mantengamos globalmente competitivos y, al mismo tiempo, en reducir las asimetrías que hay tanto al interior de nuestras sociedades como entre ellas. La integración de la región de la América del Norte nos da un fuerte cimiento para asegurar la prosperidad continua. Sin embargo, el TLCAN servirá de poco si no institucionalizamos las reformas necesarias para permanecer competitivos. En este sentido, reconocemos que la experiencia estadounidense no ha sido perfecta. No hemos avanzado con la rapidez que muchos quisieran en cuanto a reformar nuestras políticas de inmigración. Aún hay mucha gente en mí país que piensa que una reforma inmigratoria significa hacerle un favor a México, cuando de hecho una política de migración segura, legal, ordenada y humana haría a los Estados Unidos un país más fuerte y más seguro -– tal y como lo propuso el presidente Bush este año. De igual forma, ni Canadá ni los Estados Unidos pueden hacer que México sea económicamente más competitivo de lo que la nación mexicana decida por sí misma. Únicamente los mexicanos harán que esta nación sea más fuerte, al demandar que su gobierno ponga en vigor las reformas requeridas para alentar su crecimiento. La política macroeconómica mexicana ha sido sólida y el país se recuperó de la crisis del peso de 1994-1995 de manera impresionante, en gran parte por su disciplina fiscal. No obstante, el siguiente peldaño de las reformas económicas se ha estancado, aunque la mayoría de los dirigentes mexicanos reconocen que es imperativo que haya reformas en los sectores energético, fiscal, y laboral, así como un sistema judicial efectivo. México también debe actuar rápido para mejorar el clima para las inversiones. Más inversionistas vendrán a México cuando sepan que pueden operar en un ambiente seguro y transparente, con normas claras y concisas, con una infraestructura más eficiente, y donde haya bajos costos para desarrollar negocios. Estas no son simplemente mis reflexiones, sino el tema de cada conversación que he tenido con todos los potenciales generadores de empleos o inversionistas que están interesados en México. Al mismo tiempo, no podemos ignorar los grandes segmentos de la sociedad que se están quedando atrás. La educación es la clave para asegurar que más gente se beneficie de la prosperidad que las reformas y el crecimiento puedan traer consigo. Este proceso comienza con la educación primaria, continúa con la educación superior y sigue con la investigación y el desarrollo científico. Con el fin de competir en la era de la información, los gobiernos deben educar a sus poblaciones para producir el conocimiento tecnológico. El futuro de la América del Norte reside en desarrollar la capacidad intelectual del creador, del inventor, del emprendedor y del trabajador capacitado, quienes, a su vez, aportarán innovaciones y competencia técnica a lugares de trabajo modernos. Los mercados funcionan cuando se les permite responder a las demandas de las actividades comerciales. Por ello, no sólo debemos educar a nuestra gente, sino también continuar removiendo obstáculos a la inversión y a la movilidad laboral. Si los mercados no dan resultados positivos, la gente puede perder la fe en sus instituciones públicas, se alejarán tanto de los mercados como de la democracia y se tornarán hacia el tipo de demagogia que han sido plaga en otros países y limitado sus horizontes y libertades. Como líderes, tenemos pocas responsabilidades tan grandes como asegurar que los mercados a lo largo de la América del Norte satisfagan las necesidades de nuestros ciudadanos, y que podamos seguir manteniendo una posición de liderazgo en el continente. Para llevar esto a cabo, no hay nada más urgente que proveer a la gente con un ambiente seguro en el que cada uno pueda realizar sus aspiraciones. Hemos sido afortunados en tener vecinos como México y Canadá en la extensa lucha contra el terrorismo, y estamos construyendo una asociación fuerte y duradera que dé seguridad a nuestra casa común, la América del Norte, contra quienes desearían dañar nuestras instituciones, nuestras economías y nuestra gente. Los eventos de los últimos dos años sirven para recordarnos que integración en proceso de la América del Norte crece y se extiende más allá del comercio y la economía hacia áreas como la impartición de la justicia y la lucha contra el terrorismo. Durante la década pasada, el TLCAN ha beneficiado a sus tres miembros. Sin embargo, tenemos mucho trabajo por delante para realizar nuestra visión de una América del Norte más próspera, competitiva y equitativa. Debemos encontrar el valor político para impulsar las reformas necesarias. Y, a medida que cada uno de nosotros tome y ponga en vigor estas decisiones difíciles, también nos va a fortalecer el apoyo de una sólida y creciente alianza de la América del Norte. * * * * * |
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