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LECCIONES DE LA REUNIÓN DE LA OMC EN CANCÚN

Por Antonio O. Garza Jr.
Embajador de los Estados Unidos en México
Exclusivo para El Financiero - 22 de septiembre de 2003

A medida que se asienta el ambiente en torno a la Reunión Ministerial de la Organización Mundial de Comercio, que acaba de concluir en Cancún, en todo el mundo se está ponderando qué significa para el futuro el que no se haya logrado un consenso.

Sin embargo, antes de entrar en materia, deseo felicitar al Secretario de Relaciones Exteriores, Luis Ernesto Derbez, y al gobierno de México en general, por su desempeño sobresaliente en organizar y ser anfitriones de este importante evento. Sin lugar a dudas, esa parte de la reunión fue todo un éxito.

Por lo que toca al resultado de la conferencia, aún cuando comparto el sentimiento de desilusión y de haber desaprovechado una oportunidad, continúo siendo optimista con respecto a que el nexo ya probado entre la apertura de los mercados, el crecimiento económico y la creación de empleos garantiza un impulso positivo para la liberalización comercial a nivel internacional a mediano plazo. No obstante, hay lecciones que aprender de esta reunión, sobre las cuales se debe reflexionar.

Los Estados Unidos llegaron a la reunión de Cancún dispuestos a negociar. Durante más de un año antes de la reunión presentamos a la OMC propuestas ambiciosas con respecto a reducir apoyos a la agricultura en todo el mundo por un total de 100 mil millones de dólares, a cortar drásticamente los aranceles sobre productos agrícolas y a eliminar los subsidios a las exportaciones. De igual forma integramos propuestas ambiciosas similares para reducir las barreras al comercio de servicios y de productos no agrícolas.

Posteriormente, en respuesta a solicitudes de otros miembros de la OMC, los Estados Unidos y la Unión Europea presentaron una propuesta conjunta conforme a la cual se podrían llevar a cabo negociaciones ambiciosas en cuanto a reformas en el comercio de productos agrícolas.

Justo antes de la reunión de Cancún demostramos una flexibilidad aún más amplia al igual que nuestra disposición de llegar a compromisos en aras del bien común mayor, cuando nos unimos a otras naciones para forjar un consenso con relación al tema de las patentes y el acceso a las medicinas --que era uno de los temas más importantes ante la OMC y una alta prioridad para el mundo en desarrollo.

En Cancún fuimos testigos de una participación cada vez más activa e importante de los países en desarrollo. Damos la bienvenida a esta participación positiva. Desafortunadamente, la reunión ministerial de Cancún no pudo concentrarse en la importancia de forjar un consenso en beneficio de la economía global. Hubieron demasiadas posturas pontificantes, demasiada retórica y demasiada pose de parte de algunas naciones tanto industrializadas como en vías de desarrollo, pero no suficiente negociación. El resultado es que todos salimos con las manos vacías.

El obstáculo final en Cancún se refirió a los llamados temas de Singapur, o sea, la inversión, la competencia, la transparencia en las compras gubernamentales y programas para facilitar el comercio. La Unión Europea y Japón, entre otros, promovieron con mayor fuerza estos temas, mientras que nosotros adoptamos una posición flexible y buscamos desempeñar un papel constructivo en cuanto a avanzar de forma individual en cada uno de ellos.

Por nuestra parte continuamos apoyando el objetivo ambicioso de la liberalización comercial. Aún estamos convencidos de que esto beneficiará a todos los países, tanto industrializados como en vías de desarrollo. Con frecuencia no se toma en cuenta que el 70 por ciento del comercio del mundo en desarrollo se realiza no precisamente con los países industrializados sino con otras naciones en vías de desarrollo. Por ello, la reducción de aranceles en esos países daría un impulso tremendo al propio crecimiento de estas naciones, al igual que a la conformación de mercados regionales más fuertes, así como a reducir la dependencia del comercio norte-sur.

Tenemos la firme esperanza de que todos los miembros de la OMC van a considerar con mucho cuidado lo que pueden contribuir o ceder en estas negociaciones y no sólo van a tomar en cuenta lo que buscan obtener. No dejemos que la perfección se convierta en el enemigo de lo bueno. Los Estados Unidos siguen comprometidos con la exitosa finalización de la Ronda de Doha y, de manera más amplia, con la continua liberalización del comercio global a través de la OMC.

Con el fin de lograr este objetivo, tenemos la firme intención de seguir promoviendo acuerdos bilaterales y regionales. Actualmente tenemos acuerdos de libre comercio con seis países y estamos negociando acuerdos similares con catorce más.

De igual forma tenemos la firme intención de proseguir con el Acuerdo de Libre Comercio de las Américas. La reunión ministerial que los Estados Unidos van a auspiciar en Miami en noviembre próximo ofrecerá una gran oportunidad para continuar y avanzar en estas negociaciones, para ampliar los beneficios del libre comercio en todo el continente y para impulsar de manera significativa nuestra meta de reducir las barreras comerciales a nivel global.

Tal como lo indicó el Representante Comercial de los Estados Unidos, Robert Zoellick, la reunión de Cancún sirvió para evidenciar ante el mundo qué naciones están dispuestas a negociar y cuáles se rehúsan a hacerlo en aras de la retórica. Por lo que toca a los Estados Unidos, seguimos manteniendo nuestra disposición a negociar con seriedad, lo que quiere decir simple y llanamente, que estamos dispuestos a eliminar nuestros subsidios y a hacer otras concesiones difíciles, siempre y cuando otros países hagan lo propio, con el fin de que todos obtengamos los beneficios legítimos del comercio internacional. Si todos tenemos la voluntad y cedemos un poco, todos podremos ganar mucho en el intercambio global.

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